Una lista de música islandesa de arriba a abajo

Esta es una lista de reproducción única donde todos los artistas incluidos son islandeses. Los islandeses aprecian enormemente su patrimonio cultural y tradición musical, el cual está íntimamente relacionado con el rímur (poemas o rimas del siglo XIV, utilizados comúnmente por algunos artistas como base para sus canciones), las sagas, su idioma. La hábil Björk, junto con Mum, GusGus y Sigur Rós, podrían ser los músicos más conocidos del país, pero, cuando se empieza a explorar la música islandesa actual, se pueden encontrar tesoros de verdad. Rock, electro, folk, bandas sonoras… Su música y su legado son sencillamente increíbles. Es admirable como este país tan pequeño y poco poblado ha forjado su camino a través de tantos medios distintos tan sorprendentemente.

101 es el codigo postal de Reikiavik Miðborg, el centro de la ciudad, y tambien es así como coloquialmente se conoce la cultura central de Reikiavik. Aquí se encuentra el loco Laugavegur, a menos de cinco minutos a pie de casa de muchos artistas con experiencia y de los menos conocidos que todavía se pueden escuchar. Una buena manera de descubrir música islandesa, si te gusta la música electro y experimental, es asistiendo al festival Airwaves, cuando empieza el invierno, en la capital del país. El festival existe desde 1999 y se llama así porque el primer concierto tuvo lugar en medio de una furiosa tormenta. Después de casi 20 años de existencia, sigue siendo uno de los lugares de Europa en los que se pueden escuchar algunos de los sonidos más innovadores y alternativos.

Muchos de los artistas están orgullosos de cantar en su bella y consonántica lengua materna que me encantaría poder hablar un día. Por ejemplo, Samaris ha cambiado al inglés en su segundo álbum, y muchas bandas mezclan ambos idiomas en sus álbumes, como Asgeir Trausti, que incluso tiene una canción en las dos versiones. El hermoso y variado paisaje islandés se refleja en esta variada lista de reproducción, ya que esta es la música de todo un país que trabaja en granjas, se ocupa de caballos y ovejas, pero también dedicado y con una fuerte tradición de hacer melodías que atraen al mundo entero a escucharlas y, a que, inevitablemente, se enamore de este gran país. Pop, blues, ritmos electrónicos que se quedan atrapados en la cabeza durante horas; ambiente, melodías experimentales, downtempo, rock, ska, reggae, etc., y música que no se puede clasificar en un solo género. Se dice que Biogen es el Aphex Twin islandés, ya que también anhela explorar macabros contrastes y el mundo excéntricos de los sueños.

Cada canción tiene su historia de fondo y, Minn Hinstin dans de Páll Óskar, por ejemplo, es una canción que me fascina desde que la escuché en el Concurso de Eurovisión en 1997. En aquel entonces era interesante y divertido escuchar todas estas lenguas europeas, únicas de cada país, y sus intérpretes estaban orgullosos de cantar y mostrar al mundo la musicalidad de su prosa. Es de alguna manera una canción de mi infancia que todavía me emociona cuando la escucho. Aunque muchos de los artistas están en Spotify, algunos como The Funerals todavía no están (en realidad, hay una banda llamada “The Funerals” en Spotify pero son más recientes y no son islandeses, sino alemanes). No tienen la presencia sonora más feliz del mundo, sino que, como bien dice Paul Sullivan en su libro their genius for updating blues/country music into a raw and more crapulous context makes you want to head for the bottle and divide your time squarely between laughing and crying. He copiado un enlace de ellos en directo en Skjár 1 TV el 2001.

 

101 is the pulsing heart of Reykjavík. […] Iceland has had a reputation for consistently coming up with the musical goods. It’s no exaggeration to say that music has played a major role in putting the country firmly on the world map. The isolated island, roughly the same size as Cuba with one-fortieth of the population, has managed to produce a steady flow of young bands over the last 25-30 years – Sigur Ros, Múm, GusGus, Lhooq, Apparat Organ Quartet, Trabant, The Leaves, The Funerals, Samaris – which have charmed music fans worldwide with high calibre and often quite left-field sounds.
[…]
I asked him what the advantages of being a producer in Iceland were.
“Intimacy and working with really good music,” he said. “Bands here know they probably won’t make the cost, let alone profit from their albums, so they just want to make a record they can be proud of. The result is often more interesting and more genuine than you might get from artists they rely on music as an income. Also, because there are so few of us, there is less fighting over the bands that you want to produce. I think we are all sharing the scene in a quite brotherly way right now.”
And the disadvantages?
“The disadvantages are that the market is really small. Because of this there is less money around, which means more interesting music but cheaper or worse equipment in studios and less time for projects.”

Sullivan, P. (2003) Waking Up In Iceland. London, United Kingdom: Sanctuary Publishing.

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